CUANDO EL PEÓN USA LA LÓGICA DEL PATRÓN, Por Oscar Daniel Cantero.

CUANDO EL PEÓN USA LA LÓGICA DEL PATRÓN, Por Oscar Daniel Cantero.
CUANDO EL PEÓN USA LA LÓGICA DEL PATRÓN, Por Oscar Daniel Cantero.
CUANDO EL PEÓN USA LA LÓGICA DEL PATRÓN, Por Oscar Daniel Cantero.
CUANDO EL PEÓN USA LA LÓGICA DEL PATRÓN, Por Oscar Daniel Cantero.

Por cuestiones laborales y académicas, hace rato que no incursionaba en facebook. Hoy lo hice, pero sólo para amargarme la tarde. Primero me encontré a una ex alumna (y actual docente) que compartía el siguiente comentario: ¿Querés gas? Pagalo. ¿Querés luz? Pagala. Y para pagar tenés que trabajar, así funciona el mundo”. Después, en otra esquina del universo virtual, me crucé con un amigo, comunicador social, trabajador de radio, y que se autodefine como “independiente”, quien compartió el siguiente comentario: “Un tarifazo no me asusta, me asusta más que vuelvan los ladrones”. 

Estamos en el horno, el trabajo está hecho: el poder logró que los sectores populares reproduzcan acríticamente el discurso de la clase dominante, convertido en sentido común. Es decir, una concepción de la realidad que no se cuestiona ni se discute: “así nomás es”. Aún cuando atente contra los intereses de su propia clase social. Eso, ni más ni menos, es un discurso hegemónico en términos de Gramsci.

Porque aclaremos una cosa: muchos países desarrollados tienen servicios subvencionados, aunque Lanata lo niegue, y cuando no los tienen, sus ciudadanos tienen un nivel de ingreso mucho más elevado que el nuestro. Estados Unidos, Inglaterra y Australia, por ejemplo, tienen subsidios a los combustibles fósiles. Incluso Bolivia, que llevó adelante en el 2000 una épica lucha por el agua, hoy la reconoce legalmente como un derecho humano y no como un servicio o bien de dominio público. Por ello el Estado debe garantizar el acceso de toda la población a este recurso. Redistribución de la riqueza no es sólo aumento salarial, es también contar con subvención estatal en aspectos básicos de la vida cotidiana. No sólo cuenta ganar más, sino también pagar menos.

Como opinaba días atrás Carlos Page, a esta altura es para desconfiar el permanente “fracaso” del gobierno en sus intentos por frenar la inflación. ¿Y si en realidad la combinación de inflación con salarios que no pueden nunca alcanzarla no es más que una estrategia que no busca sino reducir el poder adquisitivo de los trabajadores y aumentar la concentración de riqueza en los sectores de poder? Puede sonar demasiado conspirativo, pero no menos fantasioso que pretender que la plata que se pudo haber robado Lázaro Báez tenga alguna relación con el tarifazo o el endeudamiento por cien años. De hecho, es la lógica básica del capitalismo salvaje y neoliberal: concentración de la riqueza (léase: anulación de las retensiones), lavado de cerebro a través de los medios monopólicos y pulverización del salario de los trabajadores.  No es casual que los sectores más preparados y críticos, como la Universidad pública y el CONICET sean hoy los más perseguidos.

Es urgente que la sociedad, y especialmente los docentes y los comunicadores (por lo menos los que no están pagados por el poder) desarrollen la capacidad de analizar críticamente la realidad. Si no, van a seguir siendo el aparato reproductor de sistema. Es hora de dejar de ser los ovarios y testículos del poder, recreando matrices hegemónicas. Docentes y comunicadores deber ser hoy más que nunca la cabeza que origine ideas superadoras. No pueden limitarse a crear el campo propicio para la explotación. Deben asumir el desafío de constituir, de una vez por todas, el motor de un cambio que vaya un poco más allá del disco rayado de “se robaron todo…”